Belkis Ayón, Preámbulo para un viaje infinito hacia la tierra

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Para nosotros, hastiados del tumulto y las malas noches, llegar a Alamar (tierra de promisión) significaba, entre otras cosas, el poder constatar que aún existía un lugar pleno, desprovisto de odios y traiciones; un castillo donde podíamos ejercernos en la mayor y más nítida tranquilidad espiritual. Entonces aparecía Belkis con sus ojos descomunales de diosa egipcia, nos hacía entrar, y ya nadie osaba desprenderse de su espíritu, y nos quedábamos colgando cómodamente de su sonrisa, de su contagioso optimismo.